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El Parque Nacional de Doñana: flora y fauna



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Flora y fauna

Parque Nacional Doñana

En el Parque Nacional de Doñana podemos encontrar un rico abanico de flora y fauna coexistiendo en un espacio único. En él existen tres ecosistemas: la marisma, los cotos y las playas con dunas.
Cada uno de ellos posee una fauna y flora propia y diferenciada. En todo el parque, repleto de importante e interesante biodiversidad, habitan 875 especies de flora, 360 especies de aves, de las que 127 se reproducen habitualmente en Doñana, 37 de mamíferos no marinos, 20 de peces de agua dulce, 11 de anfibios y 21 de reptiles. Y entre estas especies se encuentran algunas amenazadas: 6 plantas, 11 aves, 1 mamífero, 4 peces y un reptil. Y si les ponemos nombre, dos de las que están en serio peligro de extinción son el lince ibérico (Lynx Pardina) y el águila imperial (Aquila Adalberti).

Debido a su privilegiada situación geográfica entre dos continentes y su proximidad al lugar de encuentro del Atlántico y del Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar, en Doñana se pueden observar más de 300 especies diferentes de aves al año, al ser lugar de paso, cría e invernada para miles de ellas (acuáticas y terrestres) europeas y africanas. Aquí reposan aves acuáticas de toda Europa Occidental, localizándose infinidad de especies en las marismas y alrededores procedentes de África y Europa.

Aves y mamíferos

Las aves son una de las imágenes más distintivas de Doñana. Destacan el ánsar común, el ánade real, el flamenco, la espátula, la garza real, el pato cuchara, el pato real, el pato colorado, el zampullín chico, la focha común, la focha cornuda, el calamón, el avetoro, el correlimos, la malvasía, el porrón común, la cerceta común, la garcilla bueyera, la avoceta, el chorlitejo, el sisón, la avutarda, el martinete, la garcilla cangrejera, la cigüeña negra, la cigüeña común, la grulla, la cigüeñuela, el charrancito, entre otras, sin olvidar la numerosa presencia de aves rapaces como el aguilucho lagunero, el águila calzada, la lechuza, el milano negro o alcotán, el milano real, el buitre leonado, el búho real, el águila culebrera, el águila calzada, siendo algunas de éstas -al igual que el águila imperial- especies amenazadas.

En cuanto a los mamíferos, su abundancia y diversidad está representada, además de por el amenazado lince ibérico, por el ciervo, el gamo, el jabalí, el corzo, el meloncillo, el turón, el zorro, el conejo de campo, la gineta, el lirón careto y la liebre, sin olvidar a los caballos y las yeguas, que pasan la mayor parte del año en las marismas.

Algunas de las especies de anfibios que más se encuentran en Doñana son el gallipato, el sapo de espuelas y la ranita de San Antonio. Además, son numerosas las especies de reptiles: la culebra bastarda, la culebra viperina, la culebra de collar, la lagartija colirroja, la víbora hocicuda, el galápago leproso, la tortuga mora...

El Parque de Doñana tiene tres ecosistemas principales: cotos, marismas y playas con dunas. Cada uno de ellos crea un hábitat propio, caracterizado por comunidades de especies vegetales y fauna que están en constante interacción y evolución y donde cada estación se sucede, año tras año, ofreciendo un magnífico capítulo y ejemplo de diversidad de vida.


Ciervos en los cotos

A lo largo del recorrido por el ecosistema más antiguo, maduro y estable -los cotos-, se encuentran abundantes masas forestales de árboles tales como el alcornoque, el enebro, el pino piñonero, el acebuche, el madroño o la sabina; arbustos y herbáceas como la castañuela, el taraje, el brezo, el barrón, el bayunco, la jara blanca, el gamón común, el labiérnago, el jaguarzo, el romero, la retama de escobas o el lentisco, entre otros (todo esto es el bosque o matorral mediterráneo).

Durante el siglo XVIII se llevaron a cabo repoblaciones de pinares cerca de la desembocadura del río Gualdalquivir, sirviendo de materiales de construcción para los buques de la Real Armada. Por eso se ven mucho en Doñana. Los eucaliptos también han supuesto drásticos cambios en los cotos, al ser repoblados por esta especie con fines industriales, décadas antes de la declaración de Parque Nacional. Sin embargo, al comprobarse que esta especie impedía el crecimiento de la vegetación autóctona, los eucaliptos se fueron erradicando sistemáticamente, permitiendo así la regeneración de vegetación nativa.

Las Marismas

El ecosistema más joven y extenso de Doñana, la marisma, posee una panorámica visual tremendamente cambiante y -por ello- se trata de un lugar excepcional de diversidad ornitológica, escenario de un potente y espectacular evento protagonizado por la migración, que la convierte en punto de encuentro de la avifauna (acuática y terrestre) europea y africana. Sus usuarias protagonistas son somormujos, zampullines, cercetas, patos, ánades silbones y rabudos, chotacabras, ruiseñores, patos cucharas, gansos, fochas, fumareles y aguiluchos... También los flamencos ofrecen una visión espectacular en su lugar predilecto, los "lucios", donde pueden invernar por la permanencia de agua en estas zonas más profundas aún en años de sequía. Y otros habitantes que se encuentran próximos en los cauces de los arroyos, hoy conocidos como "caños", son ranas, carpas, galápagos, calamones y martines pescadores.

En la marisma se pueden reconocer dos ecosistemas o hábitat extremos: un Doñana seco o marisma seca, situado en zonas altas, que muestran un predominio de masas forestales de alcornoque, madroño, matorral mediterráneo (jaguarzo blanco), pino piñonero, enebro, sabina y acebuche, y que ocupan el llamado "monte blanco"; y un Doñana húmedo o marisma inundada, situado en zonas más profundas, que presenta ante la vista especies predominantes como la castañuela, la manzanilla acuática, el carrizo, el bayunco y otras especies distribuidas según diversos factores físico-químicos del lugar y que ocupan el llamado "monte negro".

Aquí, en una gran extensión de todo este bosque mediterráneo, sobrevive el emblemático y amenazado lince ibérico. Y también en este lugar -riquísimo en rapaces- encuentra uno de sus últimos refugios el águila imperial. Además, se puede observar a una considerada especialista de caza como el águila culebrera compartiendo los pinos y alcornoques con el aguilucho lagunero, el águila calzada, la lechuza, el milano negro y el real, el buitre leonado o el búho real y, con cierta frecuencia, se dejarán ver liebres, tejones, jabalíes, meloncillos, turones, comadrejas, gatos monteses y corzos, junto a los gamos, que en otoño anuncian su llamativa ronca o berrina, y los ciervos, que también se dan a su particular berrea.

La Vera


La Vera

Pero si hay un lugar que destaca por su elevado enriquecimiento ecológico es donde limitan las arenas de los cotos y las dunas con el suelo arcilloso de la marisma, en "la Vera", considerada como el borde o zona de transición entre dos ecosistemas (el bosque mediterráneo y la marisma) y donde confluyen especies de uno y otro. Impresiona su elevada diversidad faunística: ciervos, gamos, jabalíes, vacas y yeguas marismeñas. Aquí en primavera asombran lo poblados de vida que pueden llegar a estar los viejos alcornoques convertidos en las pajareras de Doñana. En el apogeo del árbol, las aves forman colonias en sus ramas: garzas, garcillas, espátulas, martinetes, cigüeñas, avocetas y águilas calzadas. Aquí, la jornada transcurre entre el bullicio de los nidos con sus polluelos demandando su alimento y el ir y venir de sus adultos. Y en su etapa de decadencia, cuando las ramas escasean, comienzan a criar en las oquedades de sus troncos el lince, la gineta, el lirón careto, el conejo de campo y la lagartija común; incluso algún zorro permanece bajo el árbol al acecho de que algún polluelo caiga de las ramas.

Y en el ecosistema de dunas y playas se encuentran 32 kilómetros de playa virgen dentro del Parque Nacional y otro de los paisajes más cambiantes, donde el empuje del viento del Suroeste, según las estaciones, es principal protagonista. Desde la costa atlántica hacia el interior, las dunas se forman, crecen, cambian y avanzan. Se trata del sistema de dunas móviles de Doñana.

La playa


Dunas móviles y corrales

Sobre la playa se acumulan restos de crustáceos, cetáceos, moluscos, etc. que atraen a las gaviotas, charranes y a otros individuos con simpáticos movimientos como son los correlimos, zarapitos y chorlitejos, además de alguna lagartija colirroja, y más alejadas de las aguas, especies vegetales marinas como cardos, barrones, camarinas, clavellinas o alhelíes de mar, que son pequeños obstáculos al viento e irán dando lugar a mayores acumulaciones de arena. Así comienzan a formarse los denominados "trenes" o cordones de dunas que a medida que avanzan van arrollando y destruyendo la vegetación que encuentran a su paso. Sobreviven algunos pinos y enebros que reasentarán sus raíces tras el paso de las dunas y, mientras llega el siguiente tren de dunas, tras años o décadas, se formarán entre dos frentes de dunas los "corrales", ocupados por matorral y bosques de pinos que finalmente, tras una lenta y "agónica muerte", acabarán sucumbiendo bajo las arenas. Esos pinos fosilizados por la arena se conocen como las "cruces de Doñana", que protagonizan una de las estampas más extrañas y características de esta tierra.

Fuera del parque, en algunas zonas de la playa, se puede encontrar la presencia de algunos mariscadores y pescadores que viven en el lugar además de restos de algunas edificaciones de torres de vigilancia o almenaras del Siglo XVI (cuyo proyecto de construcción fue concebido durante el reinado de Felipe II pero que se desarrollo durante el mandato de Felipe III y Felipe IV) que evitaban la llegada de barcos turcos y piratas berberiscos. Estos restos de torres que el mar no ha llegado a tragar hoy en día sirven de posadero y criadero del robusto y corpulento halcón peregrino.

En los 70 kilómetros de costa de Doñana, más de 50 son de playa atlántica y se extienden desde la desembocadura del Guadalquivir hasta la Ría de Huelva. Entre ellos, más de 30 kilómetros de playa virgen de fina y blanca arena. En toda esa extensión de playa, abundan peces, moluscos, crustáceos, gaviotas, ostreros, zarapitos, correlimos, charranes, chorlitejos...


Huellas de animales en las dunas

La configuración de este maravilloso paisaje de luz radiante viene marcada por los continuos aportes de arenas depositadas por el océano y empujadas junto con parte de vegetación hacia el interior por la fuerza del viento predominante del Suroeste. Todo ello sucede dentro de un proceso de dinámica intensa que modifica incesantemente el perfil de las playas, dando origen al sistema de dunas móviles.

Por ello, la costa de Doñana está en constante movimiento. La creación de médanos y barras por los continuos aportes de arena, que en principio dieron lugar a numerosas islas pequeñas que se fueron uniendo entre sí formando otras más grandes, comenzaron hace seis mil años a cerrar el antiguo estuario del Guadalquivir, formando el Lago Ligustino (llamado Lago Ligur por los romanos) y que finalmente -a partir del Siglo IV- fue perdiendo profundidad por la acumulación de sedimentos y convirtiéndose en marisma.





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